¿Es usted un inversor que busca maximizar la rentabilidad y optimizar su estrategia de inversión?
El debate entre la inversión activa y la inversión pasiva ha sido un tema candente durante años. En esta guía, exploraremos las ventajas y desventajas de cada enfoque para ayudarle a tomar una decisión fundamentada.
No importa si es nuevo en el mundo de las inversiones o un profesional experimentado, por favor siga leyendo para obtener información sobre estas dos populares estrategias de inversión y así podrá elegir la que mejor se adapte a sus objetivos de inversión y tolerancia al riesgo.
Inversión activa
La inversión activa consiste en negociar con acciones, bonos, bienes básicos, divisas o índices entre otros con el objetivo de superar la rentabilidad que ofrece el mercado, por ejemplo, un índice como el S&P 500. Utiliza el análisis fundamental, análisis técnico, gestión del riesgo financiero, modelos econométricos y estadísticos y el criterio para tomar decisiones de inversión.
A menudo implica comisiones más elevadas debido a los costos asociados a la negociación y la administración.
Ofrece la posibilidad de obtener mayores rendimientos, pero también conlleva un mayor riesgo y la posibilidad de obtener bajas rentabilidades o eventualmente pérdidas.
Requiere un conocimiento, una experiencia y una dedicación de tiempo considerables por parte del inversor.
Inversión pasiva
La inversión pasiva sigue la evolución del mercado y regularmente se invierte en una cartera (portafolio) diversificado de activos financieros e inversiones alternativas con baja rotación. Su objetivo es igualar el rendimiento de un índice de mercado o un índice de referencia.
Normalmente conlleva comisiones más bajas debido a los menores costos de gestión y negociación.
Ofrece un riesgo menor y la posibilidad de obtener rendimientos más constantes, pero puede no proporcionar los rendimientos que potencialmente ofrece la inversión activa. Requiere menos conocimientos y dedicación de tiempo por parte del inversor. Regularmente los rendimientos no compensan la sumatoria de los costos operacionales, los costos impositivos y la inflación. Debido a esto, lamentablemente puede generarse deterioro del patrimonio en el tiempo.
Conclusión
Finalmente, la decisión de seguir una estrategia de inversión activa o pasiva depende de los objetivos individuales del inversor, su tolerancia al riesgo y sus conocimientos sobre inversiones.
La inversión activa puede ofrecer mayores rendimientos, pero también conlleva un mayor riesgo y requiere más experiencia y una mayor dedicación de tiempo.
La inversión pasiva ofrece menos riesgos, pero puede que no proporcione la rentabilidad que potencialmente genera la inversión activa.
De una forma u otra, es necesario conocer su tolerancia al riesgo. Si cree que puede tolerar riesgos más elevados, considere la gestión activa. Necesitará un administrador de portafolios versado, con experiencia específica en gestión de riesgos financieros.
Fuente: Publicación de LinkedIn de Gustavo Madrid-Malo.